Así,
en ti me quedo,
paseo largamente tus brazos y tus piernas,
asciendo hasta tu boca, me asomo
al borde de tus ojos,
doy la vuelta a tu cuello,
desciendo por tu espalda,
cambio de ruta para recorrer tus caderas,
vuelvo a empezar de nuevo,
descanso en tu costado,
miro pasar las nubes sobre tus labios rojos,
digo adiós a los pájaros que cruzan por tu frente,
y si cierras los ojos cierro también los míos,
y me duermo a tu sombra como si siempre fuera
verano,
amor,
pensando vagamente
en el mundo inquietante
que se extiende -imposible- detrás de tu sonrisa.
(Ángel González)
¿Cómo seré yo
Cuando no sea yo?
Cuando el tiempo
Haya modificado mi estructura,
Y mi cuerpo sea otro,
Otra mi sangre,
Otros mis ojos y otros mis cabellos.
Pensaré en ti, tal vez.
Seguramente,
Mis sucesivos cuerpos
-Prolongándome, vivo, hacia la muerte-
Se pasarán de mano en mano
De corazón a corazón,
De carne a carne,
El elemento misterioso
Que determina mi tristeza
Cuando te vas,
Que me impulsa a buscarte ciegamente,
Que me lleva a tu lado
Sin remedio:
Lo que la gente llama amor, en suma.
Y los ojos
-Qué importa que no sean estos ojos-
Te seguirán a donde vayas, fieles.
(Ángel González)