Raíces y puntas. A propósito del Día Internacional de la Mujer
El pasado miércoles fue un día de reafirmación de profundas convicciones basadas en la igualdad de los sexos. Por la tarde me sorprendió un relato de mi amiga Mª del Carmen Germán sobre la historia de su abuelo Pedro Justo en el que narraba tanto la detención y muerte de su abuelo acusado de ser rojo tras la toma de Montijo por las tropas fascistas, como el encono de las mujeres de su familia que tras quedarse viuda y huérfanas lucharon con tesón por sacar a los suyos adelante.
Todavía envuelto y emocionado por la historia de mi amiga Mamen, me acordé del homenaje que se le rendía a Carmen Alor y me fui a la sede del Partido Socialista para estar junto a Carmen y al resto de personas que se habían acercado a este acto. Carmen Alor es una mujer, que a sus 72 años sigue luchando por su barrio, las Cañadas-Moreras de Badajoz, por su familia y por ayudar a su gente del barrio.
En el camino de regreso fui rememorando la dura vida de mi madre, de la que hace un año, cuando aún vivía, os conté algunos retazos en Palabras de Dolores y me hicieron valorar el conjunto de las historias de aquellas mujeres que lucharon por un mundo más igual, reivindicando derechos que secularmente les habían sido negados sólo por ser mujer.
Recordaba también la historia de aquellas 129 mujeres quemadas vivas en la Fábrica Triangle Shirtwaist Company de Nueva York, de aquellas que murieron en tantas y tantas reivindicaciones reclamando la igualdad. Me acordaba también de la verdadera historia de la conmemoración del Día Internacional de la Mujer cuando fue propuesto por primera vez por Clara Zetkin, una representante de la Conferencia de Mujeres Socialistas, celebrada en Copenhague en 1910.
Ensimismado en esos pensamientos que han sido mis raíces vitales, filosóficas e ideológicas llegué a casa y me dispuse a leer la prensa para ver si había algo nuevo. Leí dos noticias que me causaron gran indignación por cuanto me confirmaban la bastarda intención con la que la derecha política, mediática y económica quieren apropiarse de una conmemoración reivindicativa y reconvertirla en un montón de caspa tan al gusto de ellos. Recuerden cuando la Iglesia Católica, con aquel Papa colaboracionista de los Nazis a la cabeza,Pio XII, instauró el Primero de Mayo como Día de San José Obrero para contrarrestar lo que venía siendo desde 1889 el Día Internacional de los Trabajadores. A esto le sacó buen rendimiento el régimen franquista para acallar las protestas de los trabajadores españoles y reconvertirlas en un día dedicado al culto católico.
Como decía, leo en la prensa que el Gerente del Centro Comercial El Faro de Badajoz tiene previstas ciertas actividades para atraer clientes entre las que se encuentran la realización de cursos de belleza con motivo del Día Internacional de la Mujer. El cabreo fue “in crescendo” cuando en otra parte leo que la Comunidad de Madrid celebra el 8 de Marzo regalando lencería y clases de aerobic.
Todo este cúmulo de vivencias y noticias me hicieron reflexionar sobre la importancia de continuar con las reivindicaciones y no perder la visión histórica del porqué de las luchas de las personas por alcanzar los derechos. Me hicieron pensar seriamente sobre la raíz de las injusticias y las puntas de lanza que han supuesto millones de personas que han sacrificado sus vidas por conseguir un mundo más justo, más igual, más humano para todos.
También pensé en lo fácil que es perder derechos, la situación actual nos lo recuerda día a día con las políticas que se están aplicando, y lo difícil que será recuperarlos si la caspa logra introducirse entre las raíces y las puntas.
¡SALUD Y COMPROMISO EN EL DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER!




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